Un escenario de bienestar

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

“Pensando en el bienestar social tenemos que construir escenarios deseables que haremos posibles a través de estrategias factibles”, LHM.
Hurgar en la historia. Indagar en documentos, casas de subastas; buscar y entrevistar a testigos (directos e indirectos), perderse en las bibliotecas, hemerotecas o videotecas tendría que convertirse en el pasatiempo favorito del investigador; del aspirante (¿suspirante?) a conocer qué pasó en realidad (los hechos), cuáles fueron las razones o emociones (ideas) que movilizaron a toda una nación, o parte de ella.

Saber y conocer qué sí era permitido y qué prohibido (las normas, las leyes) en un momento histórico determinado. Incluso allegarse de “otras cuestiones” (acudir a marcos teóricos y herramientas de investigación de diferentes disciplinas, por ejemplo) que nos ayuden a comprender por qué las cosas ocurrieron de una manera (y no de otra). Aproximarnos al futuro a partir de investigar y estudiar el pasado (proferencia) de un país.

Para José Luis Soberanes Fernández, la “historia de la historia”, definición sencilla y elocuente de la “historiografía”, es una disciplina que “nos va narrando los diversos métodos de trabajo que han desarrollado los historiadores desde la más remota antigüedad (generalmente a partir de los griegos) hasta nuestros días, ya sea de manera individual o a través de las escuelas o corrientes”.

Bien dice Soberanes (parafraseando a Joseph Louis Ortolán), que todo jurista tiene que ser historiador; partir del conocimiento histórico-jurídico para conocer su propia disciplina y así entender mejor el presente social de su nación.

Coincido. Quizás así seamos capaces de construir un escenario nacional deseable (a favor del bien común) que podamos hacer posible a partir de estrategias (políticas, económicas, sociales…) factibles.

Con planes, pautas, patrones, posicionamientos y perspectivas bien definidas. Enriquecidas por lo que fuimos, somos y seremos: un solo país, pero con “diferentes Méxicos”.

 * El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

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Amazonas del management… ¡Para ustedes!

Por Luis Hernández Martínez. Twitter: @miabogadoluis


Hoy, más que nunca, me declaro un promotor incansable de una participación más clara y decidida de la mujer en los puestos de alta dirección y de gobiernos corporativos. En nuestro país existen varias iniciativas que se dedican a fomentar e impulsar el tema de diversidad y de género al interior de las empresas (clic aquí para acceder al artículo completo).

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Honrar la palabra

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

Cumplir con lo acordado. Punto. ¿Cuántos conflictos se evitarían? ¿Cuántas relaciones sentimentales y profesionales se fortalecerían? ¿Cuántas amistades permanecerían en el tiempo? ¿Cuántos negocios prosperarían? En fin, ¿cuánto bienestar generaríamos para nuestra sociedad si hacemos lo que decimos (guiados, al menos, por las cuatro virtudes cardinales: justicia, prudencia, templanza y fortaleza)?

Los incumplimientos ocurren en todos los ámbitos: político, económico, social, tecnológico, ecológico, global, legal… Frases como “te doy mi palabra” o “cerrado, ya es un compromiso” parecieran que ya significan otra cosa, muy diferente, al concepto implícito en ellas 20 años atrás.Hoy es muy fácil para un político “empeñar la palabra” (aunque en el pronunciamiento de su discurso bien sabe que no cumplirá). Igual de sencillo es para un empresario decir “trato hecho” (a sabiendas de que no tiene ni la mínima intención de honrar ninguna de las cláusulas del contrato).

Y ya ni hablar de la interacción cotidiana: “en diez minutos te hablo”, “ya es una cita”, “nos vemos el sábado”, “te lo mando mañana”, “estaba a punto de marcarte”, “contigo, tanto en la pobreza como en la enfermedad”. Más todas las frases que llegaron a su mente.

De hecho, si aún usted es de los que piensa que ya no podemos hacer nada apegado a principios éticos y jurídicos para sacar a México de la barranca, le invito a que reflexione lo siguiente: ¿cuánto cambiaría su ámbito de influencia inmediato si cumpliera puntualmente con todo lo que le promete a las personas con las que interactúa? ¿Cómo se sentiría en términos personales si, pretextos a un lado, cumple con lo que ofrece?

¿Y si las personas a su alrededor actuaran igual? ¿Y si “empeñar la palabra” y “ya es un compromiso” (conceptos hoy en crisis) recuperaran su significado y el esplendor pasados? ¿Qué sería de México, de nuestra sociedad? Piénselo, y créame: hacer lo que se dice (enmarcado por la ética y el bienestar común) es un acto inestimable. Y sólo tiene que cumplir con lo que se compromete.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Educación espectáculo, un grave error

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

 

Una cita del genial H. Adams. Feliz día del maestro.
 
 A mis Maestros, con cariño:

No importa el grado académico. Puede ocurrir tanto en los niveles más básicos de la educación, como en los más altos. Hoy, y más si de evaluación docente hablamos, lo importante es “caerle bien” a los alumnos, “divertirlos” y “hacerles amenas” las clases para que entonces ellos “recomienden” al profesor (ejemplo de la “hamburguerización docente”).

El objetivo es que “los alumnos la pasen bomba” aunque, al final, los egresados de cada curso no tengan los conceptos claros. ¿Y para qué? ¿Leer libros? No es necesario: ahí están el Prezi o Power Point (por cierto, Jeff Bezos –CEO de Amazon– prohibió las presentaciones en su empresa).

Hoy, así lo aseguran algunos “pedagogos expertos”, las empresas necesitan profesionistas que tengan competencias específicas para resolver problemas puntuales. El pensamiento crítico, la argumentación, las humanidades (ética y valores incluidos) sólo generan malestar e incomodidades a las organizaciones, dicen. ¿Para qué formar rebeldes potenciales; seres humanos con espíritu, intelecto y voz moral propios?, preguntan.

Vale mencionarle a esos “gurús de escritorio” que Francia regresó al dictado y a la lectura en voz alta, frustrada por las mentiras y engaños de las “nuevas tecnologías educativas”.

En fin, en la actualidad, entre que los estudiantes gritan “por eso pago” o “tengo el derecho a que me enseñen”, lo que antes llamábamos cátedra, formación y cultura, hoy su significado avanza cada día más hacia las arenas de la “educación espectáculo”.

Si el estudiante no hace alguna “actividad” o “competencia” que pueda mostrar en sus redes sociales (“pirotecnia educativa”), entonces el alumno no hizo nada valioso en la escuela. ¡Peor aún! Le preguntas al protagonista de tan ridícula función POR QUÉ hizo dicha actividad, y su respuesta es “porque está padre saberlo hacer, aunque no lo sepa explicar”.

¡Bendita ignorancia! ¡Feliz Día del Maestro!

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Abogar por una sociedad sin desigualdad

Por Luis Hernández Martínez. Twitter: @miabogadoluis

 

Unidos por un México más justo, más próspero, más competitivo y en paz.
 
Cada día que pasa (horas, minutos, segundos…) la degradación económica de la sociedad mexicana aumenta y, pareciera ya, hacerlo con una fuerza incontenible. Hoy, la geografía humana nacional muestra una polarización entre ricos y pobres sin precedente alguno.  Por ejemplo: en el México actual existe un puñado (mejor dicho, una pizca) de personas (algunos les llaman “Mi Reyes” y/o “Mi Reinas”) que no tienen en su memoria el registro de algún momento de angustia económica (que hayan pasado hambre, pues) en su familia.

Tampoco recuerdan algún periodo donde su experiencia académica no estuviera definida por una convivencia con “sus iguales”, toda vez que sus padres se encargaron de mantenerlos alejados –muy alejados– de la (¿cómo decía ese personaje de Chespirito?, ya me acordé) chusma.

En tanto, un porcentaje (universo) creciente de mexicanos tiene en el hambre a una compañera habitual y al lugar donde estudia (si es que tiene acceso a la educación) como el escenario donde conviven la marginación, el acoso, la inseguridad, el desempleo, las enfermedades propias de la pobreza y la falta de servicios públicos básicos.

Vivimos una etapa donde la polarización económica y geográfica de la sociedad mexicana sólo provoca que los escandalosamente ricos conozcan menos de los más pobres, y viceversa. ¿El resultado?

Ahí están los indicadores nacionales de desigualdad, crimen organizado (el que ocurre fuera de la ley y el que sucede al margen de la ley), corrupción, asesinatos, falta de infraestructura, sistema de salud deficiente y baja inversión en tecnología (por mencionar algunos rubros) como parte de la respuesta.

Urge entonces que todos los que tenemos el privilegio de contar con una profesión –relacionada directa o indirectamente con la justicia– trabajemos coordinados para combatir la desigualdad económica que tiene la fuerza de exterminar nuestro sistema político nacional. Advertidos.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Innovación y derechos humanos

Por Luis Hernández Martínez. Twitter: @miabogadoluis 

“La colegiación de la abogacía tiene más beneficios que maleficios”, LHM.

La innovación organizacional y el respeto a los derechos humanos serán claves para la empresa mexicana… Para acceder a la columna completa haz clic aquí.

* El autor es abogado, administrador y periodista. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Trabajadores y derechos humanos

Por Luis Hernández Martínez. Twitter: @miabogadoluis

El Dr. Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot, Vicepresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, luego de una jornada académica en la que participó @miabogadoluis.

A la memoria del MAESTRO… El Dr. Néstor de Buen Lozano.

El arte de explicar, traducir o interpretar los derechos y libertades plasmados en la Constitución –conforme y en armonía con los principios, artículos y/o axiomas incorporados en los tratados, pactos, convenios, jurisprudencia y documentos internacionales en materia de derechos humanos– materializa la aplicación técnica de la llamada cláusula de interpretación conforme y obliga a todos los dueños de empresa a respetar los también llamados derechos fundamentales al interior de sus organizaciones.

Como diría mi maestro Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot, Vicepresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos: “Tal disposición es la fórmula constitucional más efectiva para evitar disonancias entre los contenidos del derecho nacional y las normas del derecho internacional”; que en materia de derechos humanos –aplicados sobre todo en la empresa– tienen que ser letra viva y vigente.

Lo anterior es un proceso hermenéutico comparativo que, incluso, conllevaría a no aplicar –o desaplicar– la norma menos favorable a la persona. Dicho de otro modo, la cláusula de interpretación conforme implicaría sólo utilizar el precepto protector de los derechos humanos de mayor alcance (conforme al principio pro homine), pues existe una obligación de carácter general de proteger y respetar tanto los derechos como las libertades plasmadas en tratados, pactos, convenios, jurisprudencia y documentos internacionales en materia de derechos humanos.

Sin embargo, para que la cláusula de interpretación conforme alcance el poder protector que en potencia tiene, urge que los jueces nacionales la conviertan en una práctica de interpretación diaria en el ámbito de los derechos humanos. Pero más imperioso aún es que las empresas –sin importar su tamaño– materialicen para todos sus grupos de interés una Dirección Estratégica Humanizada.

 * El autor es abogado, administrador y periodista. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y ANADE. Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.