Honrar la palabra

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

Cumplir con lo acordado. Punto. ¿Cuántos conflictos se evitarían? ¿Cuántas relaciones sentimentales y profesionales se fortalecerían? ¿Cuántas amistades permanecerían en el tiempo? ¿Cuántos negocios prosperarían? En fin, ¿cuánto bienestar generaríamos para nuestra sociedad si hacemos lo que decimos (guiados, al menos, por las cuatro virtudes cardinales: justicia, prudencia, templanza y fortaleza)?

Los incumplimientos ocurren en todos los ámbitos: político, económico, social, tecnológico, ecológico, global, legal… Frases como “te doy mi palabra” o “cerrado, ya es un compromiso” parecieran que ya significan otra cosa, muy diferente, al concepto implícito en ellas 20 años atrás.Hoy es muy fácil para un político “empeñar la palabra” (aunque en el pronunciamiento de su discurso bien sabe que no cumplirá). Igual de sencillo es para un empresario decir “trato hecho” (a sabiendas de que no tiene ni la mínima intención de honrar ninguna de las cláusulas del contrato).

Y ya ni hablar de la interacción cotidiana: “en diez minutos te hablo”, “ya es una cita”, “nos vemos el sábado”, “te lo mando mañana”, “estaba a punto de marcarte”, “contigo, tanto en la pobreza como en la enfermedad”. Más todas las frases que llegaron a su mente.

De hecho, si aún usted es de los que piensa que ya no podemos hacer nada apegado a principios éticos y jurídicos para sacar a México de la barranca, le invito a que reflexione lo siguiente: ¿cuánto cambiaría su ámbito de influencia inmediato si cumpliera puntualmente con todo lo que le promete a las personas con las que interactúa? ¿Cómo se sentiría en términos personales si, pretextos a un lado, cumple con lo que ofrece?

¿Y si las personas a su alrededor actuaran igual? ¿Y si “empeñar la palabra” y “ya es un compromiso” (conceptos hoy en crisis) recuperaran su significado y el esplendor pasados? ¿Qué sería de México, de nuestra sociedad? Piénselo, y créame: hacer lo que se dice (enmarcado por la ética y el bienestar común) es un acto inestimable. Y sólo tiene que cumplir con lo que se compromete.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

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