Premiar la insensatez

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

Ni los profesores son hamburguesas para que los recomienden, ni los alumnos son clientes que saben lo que quieren.

En tan sólo cuatro días, las acciones de la empresa Nintendo subieron 57%; su valor en bolsa aumentó unos $7,500 millones de dólares luego de la buena acogida de la que fuera objeto su videojuego de realidad aumentada protagonizado por unas “criaturas japonesas”, según especialistas.

Para los que ya tenemos algunas millas recorridas en el mundo de los negocios, las líneas anteriores serían un ejemplo más de cómo una compañía hace dinero gracias a un producto que “satisface las necesidades” de sus clientes o consumidores nuevos.

Sin embargo, el autor de este espacio tiene años que ya renunció a ser el perico de las llamadas historias de éxito que tanto entusiasman y enloquecen (¡ja!, exageré, espero) a miles de estudiantes de maestrías en negocios y derecho. Así que, una vez establecido el origen de mi comentario semanal, esbozaré un par de ideas relacionadas con la educación y la sociedad que todos construimos con nuestros usos y costumbres de consumo.

Primero, coincido con George Steiner cuando dice que “estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria. Y que no hace nada para que los niños aprendan las cosas de memoria”.

Segundo, también estoy harto de la doble moral (hipocresía) de los estudiantes y pseudo pedagogos que aseguran que de nada sirve aprenderse “las cosas de memoria”. Que hoy, dicen, lo verdaderamente importante es que los alumnos “se diviertan en el aula y que aprendan haciendo, pues el mundo laboral requiere de personas que ‘hagan’ las cosas”.

Escribí hipocresía porque, dime tú lúcido lector, ¿acaso no requieres de aprenderte de memoria las funciones, atajos y jugadas de un videojuego? ¿Los jugadores no emplean su memoria para moverse, una y otra vez, en las entrañas estupidizantes de la aplicación? ¿O de plano actúan como autómatas? ¿Sólo “saben hacer”, carentes de voluntad, tal y como los prepararon en la escuela? Recuerda: somos lo que consumimos.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

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