¿La genética nos hará libres?

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

“La responsabilidad de nuestros actos, independiente a nuestra genética o fisiología naturales, debe valorarse según su consecuencia en las sociedades donde interactuamos”, LHM.
La neurociencia avanza con pasos de gigante. Sus descubrimientos serán paradigmas nuevos en todos los ámbitos de la convivencia humana. ¿Y qué haremos? ¿Renunciar a nuestra profesión de abogado cuando la ciencia declare la muerte del libre albedrío, por ejemplo?

¿O continuar boquiabiertos ante las pruebas que la neurociencia aporta para que los jueces digan que un acusado de homicidio es inimputable, pues su organismo genera disparos de adrenalina que no puede controlar? El debate comenzó. Michael Gazzaniga opina que “la responsabilidad es un contrato entre dos [o más] personas, no una propiedad del cerebro”.

Por su parte, Joaquín M. Fuster dice que tanto el compatibilismo (libre albedrío y determinismo no son mutuamente excluyentes) como el determinismo (todo lo que sucede tiene un causa) encuentran en Thomas Hobbes a su filósofo de cabecera: “Hobbes se basó en el hecho de que, si no hay fuerza ni coacción, los individuos son capaces de tomar decisiones que concuerden con sus deseos”.

Giovanni Sartori asegura que Max Webber también lo tenía muy claro, toda vez que “formuló la distinción entre ‘ética de la intención’ y ética de la responsabilidad’. La primera persigue el bien (tal como lo ve) y no tiene en cuenta las consecuencias. Aunque el mundo se hunda, la buena intención es lo único que vale. En cambio, la ética de la responsabilidad tiene en cuenta las consecuencias de las acciones. Si las consecuencias son perjudiciales, debemos abstenernos de actuar. La moralidad debe contemplar ambas características”.

De ahí que Sartori exprese: “Sigo creyendo en el libre albedrío, me creo responsable de lo que hago, y por lo tanto, le concedo poquísimos méritos, o deméritos, a mi embrión”.

Ahora, contesta con honestidad ¿qué me dices de la responsabilidad de tus actos? Si generas bienestar ¿te aplaudimos, aunque sea tu biología la base de su realización? Y si produces un mal, pero su causa es una deficiencia fisiológica de tu cuerpo ¿qué, la ignoramos y/o disculpamos?

 * El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

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