¿Cuál es tu sueño? ¿Cuál es tu fe?

Por Luis Hernández Martínez Twitter: @miabogadoluis

En México existe la fe (todavía) de que a través del estudio constante las personas accederán a un mejor nivel de vida y bienestar social.

¿Cuáles son las razones que nos conducen a celebrar por adelantado? ¿Por qué festejamos una graduación universitaria, por ejemplo, cuando todavía no acreditamos el último tramo de evaluación (examen profesional, tesis o certificación de prácticas profesionales)?

¿O por qué chocamos las copas ante el potencial cierre de un contrato cuando las firmas definitivas aún no forman parte del documento? ¿Por qué gritamos jubilosos ante la llegada de un año nuevo? ¿Por qué organizamos una fiesta alrededor de los recién casados y su novelesco “fueron felices para siempre”?

¿Por qué miramos con esperanza los siguientes días de nuestra vida? ¿O por que… (incluye una pregunta con la que gustes interactuar en este texto…)? Aquí una posible respuesta: porque tenemos fe.

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la fe tiene nueve diferentes acepciones (al menos; sí también incluye una de carácter legal). La tercera de ellas dice: “Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas”. Utilizo la número tres porque soy más del tipo “a Dios rogando y con el mazo dando”; del estilo (de la vieja escuela, un clásico) Hemingway: “Prefiero ser exacto. Luego, cuando venga la suerte, estaré dispuesto”.

Así que por la fe, al menos en estas líneas que representan el inicio de esta columna para el segundo semestre del año en curso, mis ideas girarán alrededor de un futuro mejor para México; gravitarán en torno a un escenario donde la distribución de la riqueza es más equitativa (impulsando la creación de una verdadera clase media) y el combate a la desigualdad económica es una realidad que beneficia a las millones de personas que menos tienen en este país.

Tengo fe en que la ciudadanía mexicana –al fin– despertará y (ya sin dinosaurio) tomará el control de la nación; quitándoselo de las manos a los malos políticos y a los poderes de facto (representados por empresarios que sólo piensan en el enriquecimiento desmedido de sus élites y familiares). Esa es mi fe: “I have a dream”, diría Martin Luther King. ¿Cuál es el tuyo? ¿Cuál es tu fe?

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

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El silencio de los buenos mexicanos

Por Luis Hernández Martínez.            Twitter: @miabogadoluis

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), una de las acepciones de abogar es: “Interceder, hablar en favor de alguien o de algo”. Eso haré hoy, como abogado. Hablaré en favor de los mexicanos. De los buenos mexicanos.

El fin de semana ocurrieron muchas cosas en nuestro país. Varias de ellas atentaron contra el Estado de Derecho; otras contra la propiedad, la libertad, la seguridad, la vida y la salud de las personas. ¿Y qué hicieron los buenos mexicanos? Continuar con sus vidas.

Pero qué hicieron, puntualmente, para continuar con sus vidas. Al menos de los actos que fui testigo, los mexicanos a mi alrededor estudiaron, hicieron relaciones (profesionales, personales…), trabajaron (como empleados, empresarios o profesionistas independientes), generaron ideas (de negocio o entretenimiento), celebraron aniversarios (cumpleaños y/o casamientos), bailaron, cantaron, compartieron…

¿Entonces por qué nuestro país está sumergido en la violencia (física, psicológica, emocional)? ¿Por qué crece la desigualdad (ricos cada día más ricos; pobres cada día más pobres)?

¿Por qué la inequidad y la falta de oportunidades (a pesar de las promesas de la justicia cotidiana)? ¿Por qué los funcionarios públicos (del poder ejecutivo, legislativo y judicial) ignoran a las personas que deben servir? ¿Por qué aumenta la intolerancia y los crímenes de odio? ¿Por qué la corrupción rampante? ¿Por qué?

Tengo algunas hipótesis. Una de ellas relacionada con las líneas de esta columna: los buenos mexicanos están muy ocupados con sus vidas (tanto que en las elecciones pasadas triunfó el abstencionismo). La ironía es que, de seguir así, sus vidas ya no serán ni la sombra de lo que hoy son.  

Ya lo dijo Martin Luther King​: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética; lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”… De los buenos mexicanos.

 * El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Un escenario de bienestar

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

“Pensando en el bienestar social tenemos que construir escenarios deseables que haremos posibles a través de estrategias factibles”, LHM.
Hurgar en la historia. Indagar en documentos, casas de subastas; buscar y entrevistar a testigos (directos e indirectos), perderse en las bibliotecas, hemerotecas o videotecas tendría que convertirse en el pasatiempo favorito del investigador; del aspirante (¿suspirante?) a conocer qué pasó en realidad (los hechos), cuáles fueron las razones o emociones (ideas) que movilizaron a toda una nación, o parte de ella.

Saber y conocer qué sí era permitido y qué prohibido (las normas, las leyes) en un momento histórico determinado. Incluso allegarse de “otras cuestiones” (acudir a marcos teóricos y herramientas de investigación de diferentes disciplinas, por ejemplo) que nos ayuden a comprender por qué las cosas ocurrieron de una manera (y no de otra). Aproximarnos al futuro a partir de investigar y estudiar el pasado (proferencia) de un país.

Para José Luis Soberanes Fernández, la “historia de la historia”, definición sencilla y elocuente de la “historiografía”, es una disciplina que “nos va narrando los diversos métodos de trabajo que han desarrollado los historiadores desde la más remota antigüedad (generalmente a partir de los griegos) hasta nuestros días, ya sea de manera individual o a través de las escuelas o corrientes”.

Bien dice Soberanes (parafraseando a Joseph Louis Ortolán), que todo jurista tiene que ser historiador; partir del conocimiento histórico-jurídico para conocer su propia disciplina y así entender mejor el presente social de su nación.

Coincido. Quizás así seamos capaces de construir un escenario nacional deseable (a favor del bien común) que podamos hacer posible a partir de estrategias (políticas, económicas, sociales…) factibles.

Con planes, pautas, patrones, posicionamientos y perspectivas bien definidas. Enriquecidas por lo que fuimos, somos y seremos: un solo país, pero con “diferentes Méxicos”.

 * El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Abogar por una sociedad sin desigualdad

Por Luis Hernández Martínez. Twitter: @miabogadoluis

 

Unidos por un México más justo, más próspero, más competitivo y en paz.
 
Cada día que pasa (horas, minutos, segundos…) la degradación económica de la sociedad mexicana aumenta y, pareciera ya, hacerlo con una fuerza incontenible. Hoy, la geografía humana nacional muestra una polarización entre ricos y pobres sin precedente alguno.  Por ejemplo: en el México actual existe un puñado (mejor dicho, una pizca) de personas (algunos les llaman “Mi Reyes” y/o “Mi Reinas”) que no tienen en su memoria el registro de algún momento de angustia económica (que hayan pasado hambre, pues) en su familia.

Tampoco recuerdan algún periodo donde su experiencia académica no estuviera definida por una convivencia con “sus iguales”, toda vez que sus padres se encargaron de mantenerlos alejados –muy alejados– de la (¿cómo decía ese personaje de Chespirito?, ya me acordé) chusma.

En tanto, un porcentaje (universo) creciente de mexicanos tiene en el hambre a una compañera habitual y al lugar donde estudia (si es que tiene acceso a la educación) como el escenario donde conviven la marginación, el acoso, la inseguridad, el desempleo, las enfermedades propias de la pobreza y la falta de servicios públicos básicos.

Vivimos una etapa donde la polarización económica y geográfica de la sociedad mexicana sólo provoca que los escandalosamente ricos conozcan menos de los más pobres, y viceversa. ¿El resultado?

Ahí están los indicadores nacionales de desigualdad, crimen organizado (el que ocurre fuera de la ley y el que sucede al margen de la ley), corrupción, asesinatos, falta de infraestructura, sistema de salud deficiente y baja inversión en tecnología (por mencionar algunos rubros) como parte de la respuesta.

Urge entonces que todos los que tenemos el privilegio de contar con una profesión –relacionada directa o indirectamente con la justicia– trabajemos coordinados para combatir la desigualdad económica que tiene la fuerza de exterminar nuestro sistema político nacional. Advertidos.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Trabajadores y derechos humanos

Por Luis Hernández Martínez. Twitter: @miabogadoluis

El Dr. Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot, Vicepresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, luego de una jornada académica en la que participó @miabogadoluis.

A la memoria del MAESTRO… El Dr. Néstor de Buen Lozano.

El arte de explicar, traducir o interpretar los derechos y libertades plasmados en la Constitución –conforme y en armonía con los principios, artículos y/o axiomas incorporados en los tratados, pactos, convenios, jurisprudencia y documentos internacionales en materia de derechos humanos– materializa la aplicación técnica de la llamada cláusula de interpretación conforme y obliga a todos los dueños de empresa a respetar los también llamados derechos fundamentales al interior de sus organizaciones.

Como diría mi maestro Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot, Vicepresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos: “Tal disposición es la fórmula constitucional más efectiva para evitar disonancias entre los contenidos del derecho nacional y las normas del derecho internacional”; que en materia de derechos humanos –aplicados sobre todo en la empresa– tienen que ser letra viva y vigente.

Lo anterior es un proceso hermenéutico comparativo que, incluso, conllevaría a no aplicar –o desaplicar– la norma menos favorable a la persona. Dicho de otro modo, la cláusula de interpretación conforme implicaría sólo utilizar el precepto protector de los derechos humanos de mayor alcance (conforme al principio pro homine), pues existe una obligación de carácter general de proteger y respetar tanto los derechos como las libertades plasmadas en tratados, pactos, convenios, jurisprudencia y documentos internacionales en materia de derechos humanos.

Sin embargo, para que la cláusula de interpretación conforme alcance el poder protector que en potencia tiene, urge que los jueces nacionales la conviertan en una práctica de interpretación diaria en el ámbito de los derechos humanos. Pero más imperioso aún es que las empresas –sin importar su tamaño– materialicen para todos sus grupos de interés una Dirección Estratégica Humanizada.

 * El autor es abogado, administrador y periodista. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y ANADE. Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Hambre y comida juntos… Pymes en la mira

 

El Gobernador del Banco de México explica a @miabogadoluis la dinámica y el impacto de las leyes del mercado y los capitales en la empresa mexicana.
 
Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

 A estas alturas del partido, ya con el enorme anuncio de “México en Venta” (perdón, “Inversionistas, Bienvenidos a México”), para nadie es un secreto que los fondos de capital privado tienen a nuestro país en la mira debido a la gran oportunidad de negocio que las Pymes representan para sus intereses financieros.

¡Pero no todas las Pymes, las Premium solamente (y algunas son chilangas)! “Si hasta en los micros hay rutas”, expresan y discriminan burlones. Así lo comentan en los pasillos de sus lujosas oficinas: los fondos de capital privado quieren un perfil específico de compañía mexicana.

¿Cuál? La quieren con una administración sólida, con recursos excedentes y/o con mentalidad abierta para apalancar operaciones (peinada y con chongo, opcional; pero sin maquillaje).

Nada perdidos. Pretenden negocios institucionalizados, hambrientos por crecer y administrados por mexicanos educados en el extranjero (perfil deseable, no indispensable, para la Alta Dirección Pyme) que conozcan de los procesos de globalización y que no duden de las bondades de implementar gobiernos corporativos.

Quieren Pymes que apuesten fuerte y en serio al crecimiento no orgánico (vía fusiones y adquisiciones) porque arroja resultados más rápidos, disminuye el riesgo y porque una estrategia financiera enmarcada por dicho esquema –bien planeada, organizada, dirigida, ejecutada y controlada– es una vía automática de participación en mercados diferentes o representa la opción franca de ofrecer otros productos y/o servicios.

Claro, una cosa es que los fondos de capitales privados quieran comprar y otra, muy distinta, que los dueños de las Pymes en la mira apetezcan vender. El problema es que en las circunstancias actuales, como bien dice el refrán, “se juntó el hambre con la comida”. Quedo a la orden para ayudarles en la transición.

* El autor es abogado, administrador y periodista. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa, Colegio de Abogados (ANADE). También es profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Quiubo, quiubo, quiubo… ¿Quiubo, cuándo?

  Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

Foto: Conmemoración de los 99 años de la CPEUM.

La semana anterior los mexicanos recordamos que nuestra Constitución ya tiene 99 años de vida; y también hacia el cierre de la semana laboral que concluyó el 5 de febrero, los “Mexicalinos” conocieron los nombres de las 28 personas que redactarán –asesorados por externos, por supuesto– la Constitución de la Ciudad de México.

Los comentarios que surgieron durante la toma de protesta de los redactores (invitados y seleccionados por Miguel Ángel Mancera, responsable de la administración pública capitalina) giraron alrededor de frases como: “será de avanzada”, “moderna”, “respetuosa de los derechos humanos”, entre otras.

Sin embargo, todo el espectáculo político que armaron con los nombramientos de las 28 personas, y ligándolo con un tema que resultó de interés para un porcentaje de la población mexicana (las declaraciones que un par de empleados de Televisa hicieron sobre el peso y el dólar durante uno de sus programas de televisión matutinos), conforman sólo una muestra de que lo más importante de una Constitución (Federal y/o Local), tal cual, es su cumplimiento.

Pregunta/ejemplo: ¿Por qué los servidores públicos, responsables del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), aún no actúan ante una posible violación al artículo 6 constitucional (apartado B, fracción IV)? Nuestra Constitución es clara al respecto: “Se prohíbe la transmisión de publicidad o propaganda presentada como información periodística o noticiosa…”.

La verdad, para acabar pronto, muy poco importa –en la realidad mexicana actual– si una Constitución es redactada por 28 personas o escrita con la colaboración de 50 individuos (en cuanto a su borrador, falta que resulte aprobada sin cambios por el Congreso Constituyente… ¿Elegido democráticamente?).

Igual disminuye la relevancia con respecto a si la estructura de sus artículos sigue -o no- las tendencias constitucionales avanzadas.

Lo más importante: ayer, hoy y siempre… Es que los mandatos de dicha Carta Magna (convencionales y/o constitucionales, obligatorios tanto en los ámbitos Federal y/o Local) sean respetados; cumplidos por todos los mexicanos (tal cual). ¡Sin excepción!

* El autor es abogado, periodista, consultor de empresas y blogger. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y ANADE. Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

La corrupción no somos todos

 Por Luis Hernández Martínez (Twitter: @miabogadoluis)

Es muy importante que como mexicanos no perdamos de vista todo lo relacionado con el Sistema Nacional Anticorrupción (Entrevista con Manuel Hallivis-TFJFA).

Incluyendo, por supuesto, la iniciativa ciudadana impulsada por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO): Ley de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos. Participa… #LuegoNoTeQuejes.


* El autor es abogado, periodista, consultor de empresas y blogger. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y ANADE. Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.