¡Compro! ¿Vendo?

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis


Dice el refranero empresarial: “Si te compran, entonces vende”. ¿Qué puede pasar en caso de no escucharlo? Microsoft llegó a ofrecer alrededor de 44,600 millones de dólares por Yahoo!, pero los directivos del conocido buscador dijeron no. Sin embargo, luego de ocho años, la vendieron a Verizon en poco más de 4,800 millones de dólares. ¿Quién ganó? ¿Quién perdió?

Igual ocurre en la microeconomía, y más en época de crisis. Los fondos de capitales privados quieren comprar, pero otra cosa muy distinta es que los dueños de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) mexicanas en la mira quieran vender. El problema es que en las actuales circunstancias nacionales, como bien dice otro refrán, “ya se juntaron el hambre y la comida”.

Me explico. En este momento nacional tenemos al fundador del negocio ya con casi 70 años de edad, con hijos de 30, 40 o 50 años que mostrarán sus habilidades mejores al padre –o madre– para quedarse con el negocio.

O quizás –y sólo como hipótesis– los potenciales herederos sean personas que no tienen las agallas ni la inteligencia de la madre (o el padre). Así que, ante el panorama tan prometedor que le ofrece “su herencia de sangre”, el aún dueño opte por deshacerse de su compañía antes de que sus vástagos destruyan el imperio.

Igual puede ocurrir que el fundador sienta la cosquilla de vender si –a golpe de billetazos– la oferta que recibe por su negocio resulta muy por arriba del valor proyectado de la empresa. ¿La gran recomendación? “Si te compran…”.

Las empresas crean valor de formas muy diversas. Algunas tienen la mina de la diferenciación en su sistema de distribución, otras en sus productos o patentes; un puñado en su alta dirección o en la transformación armoniosa que hacen de sus esfuerzos y recursos.

Hoy, igual que mañana, el dueño de una Pyme tiene la obligación moral, legal y económica de saber qué es lo valioso de su negocio, antes de dar el ansiado “sí, vendo”, al “desinteresado” comprador. 

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

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MiPymes, mentadas y más

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis 

“Las MiPymes son un ejemplo de lucha; una familia empresarial sin muchas alternativas”, LHM.
 Nunca faltan a su cita con la historia. Las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes) mexicanas son, diría Juan Pablo II, “siempre fieles”. Pero también son organizaciones que –a pesar de los golpes y porrazos económicos nacionales y mundiales– aún guardan la fe con respecto a la llegada del México próspero.

Otra característica: las MiPymes son constantes en sus afectos –usos y costumbres– jerárquicos (el señor dirige, pero la señora manda al interior). Y, aunque tú no lo creas, las micro, pequeñas y medianas empresas viven preocupadas –a veces ocupadas, sin éxito– por el cumplimiento de sus obligaciones fiscales.

Las MiPymes son un ejemplo de lucha; una familia empresarial que no tiene muchas alternativas y que debe adaptarse a los cambios, según la conveniencia (caprichos) del político y/o reforma constitucional en turno.

El problema para las micro, pequeñas y medianas empresas (uno más) es que ya forman parte del discurso demagógico nacional y también son objeto de análisis –muchas veces superficial– de los casos de estudio (que rayan en lo motivacional) de las aulas universitarias.

Digamos que si de un bautizo se trata, las MiPymes son el niño. Si de la fiesta de XV años hablan, la quinceañera serán. Si de un matrimonio conversan, el lugar de los novios ocuparán. ¿Y si de un velorio platicaran…? ¡Ya todos opinan sobre las MiPymes!

Que si son el motor del desarrollo económico nacional, que si son fuente inagotable de empleo, que si son el paraíso prometido del sueño emprendedor, que si gracias a ellas México está de pie y puede llegar a ser una nación competitiva; que si todos somos “Toño”, que si todos somos “Pepe”.

En múltiple foros y discursos, las micro, pequeñas y medianas empresas son muy mentadas; y más “mentadas” aún debido a que la realidad nacional no coincide con las frases hipócritas y “séntidas” de la politiquería mexicana.

 * El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y ANADE. Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Gastar para la persona

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

 

“Ejercer el gasto público en educación, salud, infraestructura y tecnología: uno de los caminos para combatir la desigualdad económica”, LHM.
 
Los contribuyentes que movemos la economía nacional –los cautivos, claro, ¿hay otros políticamente correctos?– tenemos un margen de maniobra estrecho para aprovechar las oportunidades que el entorno actual nos ofrece. Por ello, justo, vale la pena recordar la importancia que el gasto público tiene en nuestras vidas.

Según especialistas en la materia –opinión con la que coincido plenamente–, el Gobierno tiene que obedecer las máximas siguientes:

1ª. Los recursos (todo el dinero recaudado a través de los impuestos, contribuciones, multas, derechos…) son de los ciudadanos, no del gobierno.

2ª. El gasto del dinero de los ciudadanos debe aumentar con claridad su bienestar y calidad de vida.

3ª. La disminución de la brecha económica entre los que más tienen (los menos), frente a la población empobrecida (la mayoría), tiene que ser considerado un derecho social, y no el manoseo de un acuerdo o arreglo clientelar que sólo favorece el estatus quo.

4ª. El sistema fiscal no debe recaer sobre los que siempre pagan y debe buscar esquemas tributarios más simples –que impulsen la competitividad– para la micro, pequeña y mediana empresas (MiPymes), toda vez que son los agentes económicos que generan el mayor número de empleos en el país.

5ª. Privilegiar el gasto público hacia sectores que disminuyan la desigualdad económica nacional: educación, salud, infraestructura y tecnología.

6ª. Ante una eventual crisis económica, en lugar de utilizar el gasto público para salvar a los banqueros (hipotético ejemplo), mejor rescatar a los deudores (con quitas de intereses, pagos a capital o reestructuraciones de los créditos).

El reto –como siempre– será que el Gobierno (local, estatal o federal) utilice los recursos de los mexicanos de manera ética y socialmente responsable. “Ahí está el detalle, chato”, diría Cantinflas.

 * El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y ANADE. Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Mensaje para un aspirante a la Alta Dirección

Por Luis Hernández Martínez* (Twitter: @miabogadoluis).

 El nuevo perfil de director general (CEO) exige que la persona que aspire a dicho cargo tenga una gran sensibilidad con respecto a los temas políticos. Sus capacidades ya no pueden girar sólo alrededor de cuestiones técnicas, también necesita una formación humanística mucho más completa y escalonada. ¿Por qué? Porque enfrentará temas humanos muy profundos (aquí un vídeo).

Ya no se trata de la sola experiencia en el campo donde se desarrolló. Hoy se exige que tenga conocimientos antropológicos, filosóficos, judiciales, científicos… ¿Bioética? ¿Humanismo y ciencia, unidas? ¿Cuál es el papel del director general al respecto?

Sobre tales cuestionamientos, un entrañable profesor argentino (Héctor Ghiretti), me respondió: “Lo primero es reconocer con urgencia que los saberes ya son atomizados, dispersos. Pero, para tomar decisiones, el directivo necesita hacer grandes síntesis. No basta considerar la realidad por partes o perspectivas. Requiere analizarse como un todo. El empresario necesita involucrarse, en una interacción mucho más intensa, con los diferentes mundos del saber humano. Así entenderá mejor los problemas de la empresa y ofrecerá soluciones más adecuadas y pertinentes” (aquí, una cara de la desigualdad).

En otras palabras, el aspirante a la Alta Dirección requiere de un conocimiento que, aunque no le parezca muy buena la idea, le obligará a regresar con urgencia a la universidad, y más ahora con los avances tan acelerados de la ciencia y el renacimiento del humanismo (de lo contrario la corrupción mutará en variadas formas).

* El autor es abogado, periodista, conferencista, consultor de empresas y blogger. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y ANADE. Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Nos cuesta 10% del PIB nacional

Por Luis Hernández Martínez (Twitter: @miabogadoluis).

¿Alguien se salva de la corrupción en #México? Sería una irresponsabilidad decir que la #corrupción somos todos. Aunque, si la toleramos, tampoco somos parte de la solución.

Muchas felicidades al Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) por la iniciativa ciudadana que presentó hoy. Contará con mis comentarios y apoyo (Ley de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos).

*El autor es abogado, periodista, conferencista, consultor de empresas y blogger. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y ANADE. Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.