México, una aldea Potemkin

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis
 

A decir de algunos especialistas en Historia, un “Pueblo de Potiomkin” (o “aldeas Potemkin”) describe una villa hermosamente presentada para ocultar su catastrófica realidad. A vuelo de pájaro dicho pueblo luce genial y deja a los invitados (ciudadanos, servidores públicos…) con un gran sabor de boca al constatar (a lo lejos) los avances y logros. Pero todo es pura fachada, un montaje… Una escenografía.

¿Alguna relación con nuestro presente? ¿Algunos ejemplos llegaron a tu mente? ¿Qué podría ser? Quizás… ¿La colocación de un pasto artificial durante la inauguración de un teleférico? ¿O la integración a modo de un “grupo de notables” o “constituyentes” para crear una Constitución?

¿Igual una audiencia perfectamente seleccionada para presentar un informe de gobierno? ¿O el gatopardismo (primo-hermano de las “aldeas Potemkin”) que cambia todo para que las cosas queden exactamente igual?

En México, las “aldeas Potemkin” son utilizadas de múltiples maneras. Por ejemplo, en la labor legislativa: senadores que presentan una exposición de motivos tejida alrededor de la “mujer” para que al proponer la iniciativa de reforma no digan “mujer” y escriban “género” en sus cambios.

También en la impartición de justicia tenemos “aldeas Potemkin”. En nuestro país somos testigos (mudos, sordos y ciegos) de todo un proceso para garantizar la independencia del Poder Judicial y así elegir a los funcionarios públicos que tendrán un asiento en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

¿Pero quién los propone? El Ejecutivo. ¿Y quién los aprueba? El Legislativo. ¡Vaya independencia! Al final el cargo no se lo deben al ciudadano (al que paga su sueldo con sus impuestos, y muy bien, por cierto). Los elegidos le deben el puesto a las componendas políticas realizadas entre las partes involucradas (así lo dejan claro en sus sentencias).

En fin, la lista sería inmensa. Al final de cuentas, queda muy claro: México es una gran aldea Potemkin. Juzga tú. 

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

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Alta Dirección Jurídica

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis


Una nueva especialidad en ciernes… Los despachos de abogados (unos más que otros) tienen que replantear su oferta de servicios profesionales, y deberán hacerlo con un perfil de profesionista más completo: les urge. Aquí el texto completo.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

OSC: visibilidad y confianza

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis


 La sociedad mexicana enfrenta un reto muy importante de cara al futuro de la competitividad, el desarrollo y la sustentabilidad nacionales. ¿Cuál? Construir e impulsar modelos de negocios innovadores que respeten la dignidad de la persona, sean amigables con el medio ambiente, fomenten la distribución de la riqueza y disminuyan la brecha económica entre pobres y ricos.

Por fortuna, aunque resulte difícil de creer, el gobierno y los empresarios –incluso los jueces nacionales– promueven (aunque de forma incipiente) una cultura y dinámica de mercado con visos de respetar el estado de derecho. Y si a tal esfuerzo sumamos las acciones de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), entonces el tamaño de una compañía cada día será menos importante con respecto al talento y entrega de valor que una organización sea capaz de generar.

¿Por qué? Porque no es indispensable estar al frente de una “gran empresa” (en términos de número de empleados y recursos) para dirigir una firma competitiva, innovadora y de reputación ejemplar. ¡Un modelo diferenciado y que genere valor no necesariamente surge de una corporación multinacional!

Hoy, tanto la competitividad como la innovación tienen que girar alrededor de la persona, de la sociedad; y el director general de cualquier organización (con o sin fines de lucro) debe ser el primero en establecer los estándares morales de acción y conducta para que la magia del bienestar social ocurra.

Además, en esta época de hipercompetencia global, no puede hablarse de una sociedad civil organizada y competitiva si actúa ignorante y apática con respecto al tema de la sustentabilidad.

Las mujeres y hombres de las OSC tienen que apostarle a los constructos y paradigmas de vanguardia (proteger, promover y reparar las violaciones de los derechos humanos, por delante) para demostrar a sus diferentes públicos objetivo –con hechos– que su actuar es ético y sustentable. A todos nos interesa (y beneficia) que sean organizaciones con visibilidad y confianza.

 
* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

La ligereza de nuestra sociedad

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

“Si te doliera México como te duele la muerte de un cantante nuestro país sería otro”, LHM.
 En la opinión de Ángela Aparisi Miralles (ex jueza española), “la integridad es uno de los principios fundamentales de la ética de las profesiones, en general; y de las jurídicas, en particular. La integridad –en una persona– remite a la cualidad de ser recta, proba e intachable”.

De ahí la importancia de que los profesionistas de México actúen apegados a valores; equipados con un conocimiento práctico de principios y virtudes. Que sus actos obedezcan siempre a reflexiones éticas.

Aquí el problema es que la sociedad mexicana –en su mayoría– no valora la actividad laboral de un profesionista, incluso nuestras leyes la relativizan (y colocan su definición a debate) toda vez que permiten la práctica de ciertas profesiones sin la necesidad de contar con un título universitario (artículo 5 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos).

¿Ejemplo? ¿Cuál es la definición de periodista? Según el artículo 2º de la Ley del Secreto Profesional del Distrito Federal es “toda persona que hace del ejercicio de las libertades de expresión y/o de información su actividad principal, de manera permanente con o sin remuneración”.

Y aunque puedo entender las razones de la actual redacción del precepto local citado, también debo decir que las libertades, derechos y obligaciones son evolutivas. Por ello propongo, otra vez, que para ejercer el periodismo tiene que ser obligatorio contar con un título universitario en dicha disciplina.

También debería ser un deber actualizarse técnica y deontológicamente año con año si “el profesionista” quiere ejercer el periodismo, uno de los trabajos de mayor impacto en los usos y las costumbres de un país (por cierto, fuentes del derecho).

Hoy, aunque la sociedad mexicana no lo valore con plenitud, es fundamental contar con profesionales del periodismo éticos, con título universitario y socialmente responsables. ¿Quién se suma a la propuesta?

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

¡Compro! ¿Vendo?

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis


Dice el refranero empresarial: “Si te compran, entonces vende”. ¿Qué puede pasar en caso de no escucharlo? Microsoft llegó a ofrecer alrededor de 44,600 millones de dólares por Yahoo!, pero los directivos del conocido buscador dijeron no. Sin embargo, luego de ocho años, la vendieron a Verizon en poco más de 4,800 millones de dólares. ¿Quién ganó? ¿Quién perdió?

Igual ocurre en la microeconomía, y más en época de crisis. Los fondos de capitales privados quieren comprar, pero otra cosa muy distinta es que los dueños de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) mexicanas en la mira quieran vender. El problema es que en las actuales circunstancias nacionales, como bien dice otro refrán, “ya se juntaron el hambre y la comida”.

Me explico. En este momento nacional tenemos al fundador del negocio ya con casi 70 años de edad, con hijos de 30, 40 o 50 años que mostrarán sus habilidades mejores al padre –o madre– para quedarse con el negocio.

O quizás –y sólo como hipótesis– los potenciales herederos sean personas que no tienen las agallas ni la inteligencia de la madre (o el padre). Así que, ante el panorama tan prometedor que le ofrece “su herencia de sangre”, el aún dueño opte por deshacerse de su compañía antes de que sus vástagos destruyan el imperio.

Igual puede ocurrir que el fundador sienta la cosquilla de vender si –a golpe de billetazos– la oferta que recibe por su negocio resulta muy por arriba del valor proyectado de la empresa. ¿La gran recomendación? “Si te compran…”.

Las empresas crean valor de formas muy diversas. Algunas tienen la mina de la diferenciación en su sistema de distribución, otras en sus productos o patentes; un puñado en su alta dirección o en la transformación armoniosa que hacen de sus esfuerzos y recursos.

Hoy, igual que mañana, el dueño de una Pyme tiene la obligación moral, legal y económica de saber qué es lo valioso de su negocio, antes de dar el ansiado “sí, vendo”, al “desinteresado” comprador. 

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

¡Qué tus actos te defiendan!

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

 ¿Qué sería de nuestras vidas si cada día que transcurre hacemos mejor nuestro trabajo? ¿Cómo cambiaría nuestra relación con los demás si en cada uno de nuestros roles somos mejores personas luego de 24 horas?

Y no sugiero que midamos nuestros avances con rebuscados indicadores de desempeño. No. Sólo digo que imagines tu –nuestro– mundo si contribuyes a disminuir de manera paulatina los comportamientos abusivos que crean ambientes laborales hostiles, por ejemplo.

O qué ocurriría si te conduces todos los días sin mentirle a tus empleados (colegas, jefes, clientes, pareja…). O si evitas los conflictos de intereses que pongan en entre dicho la reputación de tu empresa y, por supuesto, la tuya.

Contesta con honestidad: ¿respetas las políticas de la compañía relacionadas con el uso de internet? ¿Visitas tus redes sociales con los recursos tecnológicos de la empresa que te contrató? ¿Y qué me dices de los actos discriminatorios? ¿Estás libre de culpa como para lanzar la primera piedra?

También te invito a imaginar un México donde tú no violas las normas de seguridad, tránsito, salud, impuestos; una nación donde tú no alteras las estadísticas para colocar a tu producto, servicio o empresa en una mejor posición de productividad y competitividad; un país donde no entregas artículos –o elaboras trabajos– defectuosos. 

Responde: ¿haces contribuciones indebidas a funcionarios públicos, políticos u organizaciones relacionadas con la delincuencia organizada? ¿Ofreces efectivo, obsequios, entradas a espectáculos, condominios y/o boletos de avión para influir en la obtención de algún permiso o contrato de obra pública? ¿Realizas un uso indebido de la información propiedad de tu competencia? 

¿Manipulas la información financiera que reportas a tus grupos de interés? ¿Aceptas sobornos o regalos inapropiados de proveedores o clientes? ¿Falsificas informes de gastos, facturas, contabilidad o documentos empresariales? Bien, entonces: ¡que tus actos te defiendan! 

 * El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Un nuevo perfil de estratega

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis


Los abogados corporativos enfrentamos un reto muy interesante: la reinvención de nuestra profesión al interior de las organizaciones. Hoy, los dueños de empresa requieren (y en ocasiones, incluso, ya exigen) que nos comportemos como estrategas de negocios; que nuestro conocimiento del derecho lo utilicemos para ayudarles a tomar las mejores decisiones posibles. Sin renunciar a la ética, insistiré siempre (aquí el artículo completo).

* El autor es abogado, administrador, consultor en Dirección Estratégica y periodista. Es miembro de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa, Colegio de Abogados (ANADE Colegio) y de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA). También es profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

De preocupaciones y ocupaciones

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

 

“Alta Dirección y abogados de empresa, ya no sólo piensen en conservar sus privilegios, también actúen para beneficiar a la sociedad”, LHM.

Desde hace varias décadas ya, la innovación y tecnología forman parte de la lista de preocupaciones [y ocupaciones] de la Alta Dirección y de los abogados de empresa. Gracias a la utilización popularizada de internet y de las múltiples posibilidades de desarrollo de aplicaciones [para el uso, goce y disfrute de los usuarios], el binomio arriba citado brincó de la mera curiosidad gerencial al cuadro prioritario de las ocupaciones de los directivos.

El problema es que la mayoría de las compañías –construidas bajo los paradigmas funcionales de la modernidad– no tiene la estructura organizacional adecuada, ni tampoco cuenta con la filosofía corporativa pertinente (ética organizacional incluida) para rediseñar tareas, actividades o aprovechar las nuevas oportunidades que la economía global lanza todos los días.

Y es que la toma de decisiones de las mujeres y hombres de vértice de la organización aún privilegia ideas muy arraigadas, costumbres difíciles de defender ante la irrupción y mejores prácticas de firmas como Google, Apple, Facebook, Amazon y Netflix (sólo por mencionar algunas).

Así que mientras surge un ganador entre la resistencia al cambio al interior de las empresas y su necesidad de resilencia organizacional, la batalla intestina generará facturas que deberán pagarse con la capacidad de generar utilidades o ganancias en los años por venir.

La viabilidad económica de las compañías está comprometida a menos, claro, que los empresarios y su primer nivel directivo (abogados de empresa, incluidos) incorporen a la innovación –con seriedad– como parte de su administración y planeación estratégicas.

Sólo una trabajo multidisciplinario tendrá la posibilidad real de construir una ventaja competitiva capaz de afrontar con éxito los retos inherentes al actual paradigma posmoderno de los negocios. Alta Dirección y abogados de empresa, ya no sólo piensen en conservar sus privilegios, también actúen para beneficiar a la sociedad. Busquen ayuda si es necesario. Primer aviso.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Premiar la insensatez

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

Ni los profesores son hamburguesas para que los recomienden, ni los alumnos son clientes que saben lo que quieren.

En tan sólo cuatro días, las acciones de la empresa Nintendo subieron 57%; su valor en bolsa aumentó unos $7,500 millones de dólares luego de la buena acogida de la que fuera objeto su videojuego de realidad aumentada protagonizado por unas “criaturas japonesas”, según especialistas.

Para los que ya tenemos algunas millas recorridas en el mundo de los negocios, las líneas anteriores serían un ejemplo más de cómo una compañía hace dinero gracias a un producto que “satisface las necesidades” de sus clientes o consumidores nuevos.

Sin embargo, el autor de este espacio tiene años que ya renunció a ser el perico de las llamadas historias de éxito que tanto entusiasman y enloquecen (¡ja!, exageré, espero) a miles de estudiantes de maestrías en negocios y derecho. Así que, una vez establecido el origen de mi comentario semanal, esbozaré un par de ideas relacionadas con la educación y la sociedad que todos construimos con nuestros usos y costumbres de consumo.

Primero, coincido con George Steiner cuando dice que “estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria. Y que no hace nada para que los niños aprendan las cosas de memoria”.

Segundo, también estoy harto de la doble moral (hipocresía) de los estudiantes y pseudo pedagogos que aseguran que de nada sirve aprenderse “las cosas de memoria”. Que hoy, dicen, lo verdaderamente importante es que los alumnos “se diviertan en el aula y que aprendan haciendo, pues el mundo laboral requiere de personas que ‘hagan’ las cosas”.

Escribí hipocresía porque, dime tú lúcido lector, ¿acaso no requieres de aprenderte de memoria las funciones, atajos y jugadas de un videojuego? ¿Los jugadores no emplean su memoria para moverse, una y otra vez, en las entrañas estupidizantes de la aplicación? ¿O de plano actúan como autómatas? ¿Sólo “saben hacer”, carentes de voluntad, tal y como los prepararon en la escuela? Recuerda: somos lo que consumimos.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

¿Cuál es tu sueño? ¿Cuál es tu fe?

Por Luis Hernández Martínez Twitter: @miabogadoluis

En México existe la fe (todavía) de que a través del estudio constante las personas accederán a un mejor nivel de vida y bienestar social.

¿Cuáles son las razones que nos conducen a celebrar por adelantado? ¿Por qué festejamos una graduación universitaria, por ejemplo, cuando todavía no acreditamos el último tramo de evaluación (examen profesional, tesis o certificación de prácticas profesionales)?

¿O por qué chocamos las copas ante el potencial cierre de un contrato cuando las firmas definitivas aún no forman parte del documento? ¿Por qué gritamos jubilosos ante la llegada de un año nuevo? ¿Por qué organizamos una fiesta alrededor de los recién casados y su novelesco “fueron felices para siempre”?

¿Por qué miramos con esperanza los siguientes días de nuestra vida? ¿O por que… (incluye una pregunta con la que gustes interactuar en este texto…)? Aquí una posible respuesta: porque tenemos fe.

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la fe tiene nueve diferentes acepciones (al menos; sí también incluye una de carácter legal). La tercera de ellas dice: “Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas”. Utilizo la número tres porque soy más del tipo “a Dios rogando y con el mazo dando”; del estilo (de la vieja escuela, un clásico) Hemingway: “Prefiero ser exacto. Luego, cuando venga la suerte, estaré dispuesto”.

Así que por la fe, al menos en estas líneas que representan el inicio de esta columna para el segundo semestre del año en curso, mis ideas girarán alrededor de un futuro mejor para México; gravitarán en torno a un escenario donde la distribución de la riqueza es más equitativa (impulsando la creación de una verdadera clase media) y el combate a la desigualdad económica es una realidad que beneficia a las millones de personas que menos tienen en este país.

Tengo fe en que la ciudadanía mexicana –al fin– despertará y (ya sin dinosaurio) tomará el control de la nación; quitándoselo de las manos a los malos políticos y a los poderes de facto (representados por empresarios que sólo piensan en el enriquecimiento desmedido de sus élites y familiares). Esa es mi fe: “I have a dream”, diría Martin Luther King. ¿Cuál es el tuyo? ¿Cuál es tu fe?

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.