La ligereza de nuestra sociedad

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

“Si te doliera México como te duele la muerte de un cantante nuestro país sería otro”, LHM.
 En la opinión de Ángela Aparisi Miralles (ex jueza española), “la integridad es uno de los principios fundamentales de la ética de las profesiones, en general; y de las jurídicas, en particular. La integridad –en una persona– remite a la cualidad de ser recta, proba e intachable”.

De ahí la importancia de que los profesionistas de México actúen apegados a valores; equipados con un conocimiento práctico de principios y virtudes. Que sus actos obedezcan siempre a reflexiones éticas.

Aquí el problema es que la sociedad mexicana –en su mayoría– no valora la actividad laboral de un profesionista, incluso nuestras leyes la relativizan (y colocan su definición a debate) toda vez que permiten la práctica de ciertas profesiones sin la necesidad de contar con un título universitario (artículo 5 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos).

¿Ejemplo? ¿Cuál es la definición de periodista? Según el artículo 2º de la Ley del Secreto Profesional del Distrito Federal es “toda persona que hace del ejercicio de las libertades de expresión y/o de información su actividad principal, de manera permanente con o sin remuneración”.

Y aunque puedo entender las razones de la actual redacción del precepto local citado, también debo decir que las libertades, derechos y obligaciones son evolutivas. Por ello propongo, otra vez, que para ejercer el periodismo tiene que ser obligatorio contar con un título universitario en dicha disciplina.

También debería ser un deber actualizarse técnica y deontológicamente año con año si “el profesionista” quiere ejercer el periodismo, uno de los trabajos de mayor impacto en los usos y las costumbres de un país (por cierto, fuentes del derecho).

Hoy, aunque la sociedad mexicana no lo valore con plenitud, es fundamental contar con profesionales del periodismo éticos, con título universitario y socialmente responsables. ¿Quién se suma a la propuesta?

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

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Un nuevo perfil de estratega

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis


Los abogados corporativos enfrentamos un reto muy interesante: la reinvención de nuestra profesión al interior de las organizaciones. Hoy, los dueños de empresa requieren (y en ocasiones, incluso, ya exigen) que nos comportemos como estrategas de negocios; que nuestro conocimiento del derecho lo utilicemos para ayudarles a tomar las mejores decisiones posibles. Sin renunciar a la ética, insistiré siempre (aquí el artículo completo).

* El autor es abogado, administrador, consultor en Dirección Estratégica y periodista. Es miembro de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa, Colegio de Abogados (ANADE Colegio) y de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA). También es profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

De preocupaciones y ocupaciones

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

 

“Alta Dirección y abogados de empresa, ya no sólo piensen en conservar sus privilegios, también actúen para beneficiar a la sociedad”, LHM.

Desde hace varias décadas ya, la innovación y tecnología forman parte de la lista de preocupaciones [y ocupaciones] de la Alta Dirección y de los abogados de empresa. Gracias a la utilización popularizada de internet y de las múltiples posibilidades de desarrollo de aplicaciones [para el uso, goce y disfrute de los usuarios], el binomio arriba citado brincó de la mera curiosidad gerencial al cuadro prioritario de las ocupaciones de los directivos.

El problema es que la mayoría de las compañías –construidas bajo los paradigmas funcionales de la modernidad– no tiene la estructura organizacional adecuada, ni tampoco cuenta con la filosofía corporativa pertinente (ética organizacional incluida) para rediseñar tareas, actividades o aprovechar las nuevas oportunidades que la economía global lanza todos los días.

Y es que la toma de decisiones de las mujeres y hombres de vértice de la organización aún privilegia ideas muy arraigadas, costumbres difíciles de defender ante la irrupción y mejores prácticas de firmas como Google, Apple, Facebook, Amazon y Netflix (sólo por mencionar algunas).

Así que mientras surge un ganador entre la resistencia al cambio al interior de las empresas y su necesidad de resilencia organizacional, la batalla intestina generará facturas que deberán pagarse con la capacidad de generar utilidades o ganancias en los años por venir.

La viabilidad económica de las compañías está comprometida a menos, claro, que los empresarios y su primer nivel directivo (abogados de empresa, incluidos) incorporen a la innovación –con seriedad– como parte de su administración y planeación estratégicas.

Sólo una trabajo multidisciplinario tendrá la posibilidad real de construir una ventaja competitiva capaz de afrontar con éxito los retos inherentes al actual paradigma posmoderno de los negocios. Alta Dirección y abogados de empresa, ya no sólo piensen en conservar sus privilegios, también actúen para beneficiar a la sociedad. Busquen ayuda si es necesario. Primer aviso.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Premiar la insensatez

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

Ni los profesores son hamburguesas para que los recomienden, ni los alumnos son clientes que saben lo que quieren.

En tan sólo cuatro días, las acciones de la empresa Nintendo subieron 57%; su valor en bolsa aumentó unos $7,500 millones de dólares luego de la buena acogida de la que fuera objeto su videojuego de realidad aumentada protagonizado por unas “criaturas japonesas”, según especialistas.

Para los que ya tenemos algunas millas recorridas en el mundo de los negocios, las líneas anteriores serían un ejemplo más de cómo una compañía hace dinero gracias a un producto que “satisface las necesidades” de sus clientes o consumidores nuevos.

Sin embargo, el autor de este espacio tiene años que ya renunció a ser el perico de las llamadas historias de éxito que tanto entusiasman y enloquecen (¡ja!, exageré, espero) a miles de estudiantes de maestrías en negocios y derecho. Así que, una vez establecido el origen de mi comentario semanal, esbozaré un par de ideas relacionadas con la educación y la sociedad que todos construimos con nuestros usos y costumbres de consumo.

Primero, coincido con George Steiner cuando dice que “estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria. Y que no hace nada para que los niños aprendan las cosas de memoria”.

Segundo, también estoy harto de la doble moral (hipocresía) de los estudiantes y pseudo pedagogos que aseguran que de nada sirve aprenderse “las cosas de memoria”. Que hoy, dicen, lo verdaderamente importante es que los alumnos “se diviertan en el aula y que aprendan haciendo, pues el mundo laboral requiere de personas que ‘hagan’ las cosas”.

Escribí hipocresía porque, dime tú lúcido lector, ¿acaso no requieres de aprenderte de memoria las funciones, atajos y jugadas de un videojuego? ¿Los jugadores no emplean su memoria para moverse, una y otra vez, en las entrañas estupidizantes de la aplicación? ¿O de plano actúan como autómatas? ¿Sólo “saben hacer”, carentes de voluntad, tal y como los prepararon en la escuela? Recuerda: somos lo que consumimos.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

¿Cuál es tu sueño? ¿Cuál es tu fe?

Por Luis Hernández Martínez Twitter: @miabogadoluis

En México existe la fe (todavía) de que a través del estudio constante las personas accederán a un mejor nivel de vida y bienestar social.

¿Cuáles son las razones que nos conducen a celebrar por adelantado? ¿Por qué festejamos una graduación universitaria, por ejemplo, cuando todavía no acreditamos el último tramo de evaluación (examen profesional, tesis o certificación de prácticas profesionales)?

¿O por qué chocamos las copas ante el potencial cierre de un contrato cuando las firmas definitivas aún no forman parte del documento? ¿Por qué gritamos jubilosos ante la llegada de un año nuevo? ¿Por qué organizamos una fiesta alrededor de los recién casados y su novelesco “fueron felices para siempre”?

¿Por qué miramos con esperanza los siguientes días de nuestra vida? ¿O por que… (incluye una pregunta con la que gustes interactuar en este texto…)? Aquí una posible respuesta: porque tenemos fe.

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la fe tiene nueve diferentes acepciones (al menos; sí también incluye una de carácter legal). La tercera de ellas dice: “Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas”. Utilizo la número tres porque soy más del tipo “a Dios rogando y con el mazo dando”; del estilo (de la vieja escuela, un clásico) Hemingway: “Prefiero ser exacto. Luego, cuando venga la suerte, estaré dispuesto”.

Así que por la fe, al menos en estas líneas que representan el inicio de esta columna para el segundo semestre del año en curso, mis ideas girarán alrededor de un futuro mejor para México; gravitarán en torno a un escenario donde la distribución de la riqueza es más equitativa (impulsando la creación de una verdadera clase media) y el combate a la desigualdad económica es una realidad que beneficia a las millones de personas que menos tienen en este país.

Tengo fe en que la ciudadanía mexicana –al fin– despertará y (ya sin dinosaurio) tomará el control de la nación; quitándoselo de las manos a los malos políticos y a los poderes de facto (representados por empresarios que sólo piensan en el enriquecimiento desmedido de sus élites y familiares). Esa es mi fe: “I have a dream”, diría Martin Luther King. ¿Cuál es el tuyo? ¿Cuál es tu fe?

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Un empleado ignoró a su jefe

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

 

Imagina la escena: un empleado recibe una instrucción puntual de su jefe. Y, en lugar de atenderla, el empleado la ignora. Más aún. No sólo la desconoce, en su tozudez también tergiversa las instrucciones de su superior a grado tal que, al final del día (en caso de no detener a tiempo semejante absurdo), el jefe terminará reportándole al subordinado todos sus actos.

Pues así ocurrió con la popularmente conocida Ley 3 de 3. Los senadores (con nombres, apellidos y partidos políticos perfectamente bien identificados; aquí los datos) no sólo mostraron –una vez más– que la voluntad de la sociedad les vale un carajo, también sentaron un precedente (otro) de que son capaces de morder la mano de la persona que les da de comer.

Ahí quedó como muestra la bizarra ley que, a nada, estuvo a punto de ser derecho positivo mexicano. Una ley que generaría una serie de estupideces que sólo a unas mentes retorcidas y alejadas del bien común se les ocurriría proponer.

Y digo que a nada porque –una vez más– la sociedad mexicana (sintetizada en algunos empresarios, ciertos abogados y otros miembros de su clase media) solicitó al representante del Poder Ejecutivo Federal (en reunión privada) que ejerciera su facultades de veto, o sobre toda la ley, o sobre sus artículos más absurdos. El presidente optó por lo segundo.

¿Ahora qué sigue? Preguntarnos si aún no tenemos suficiente de las personas que, gracias a nosotros, hoy tienen un cargo de legislador. Si la respuesta es sí, entonces recordemos el artículo 39 de nuestra Constitución que dice: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

Ya el pueblo de Inglaterra hizo su trabajo (adiós Unión Europea). El tiempo dirá si decidió lo correcto (o si reculará del resultado). Pero la sociedad inglesa actuó. ¿Nosotros cuándo?

 * El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

¿Y dónde quedaron los cínicos?

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

 

Conforme pasan los años (“me hago más viejo” o adquiero más experiencia, elige tú) descubro cosas sobre la convivencia generacional. Me explicaré mejor. Las referencias que unieron a mi abuelo con mi padre, y a ellos conmigo, cada día son menores con respecto a las personas más jóvenes (“menos viejas” o con menor experiencia, otra vez, elige tú).

“Ahora todo es diferente”, “eso era en tus tiempos”, “las cosas ya no son como antes”, “es otra época”… Llámalo como quieras. La verdad es que urge construir puentes de comunicación para “conectarnos” de manera prudente como sociedad. ¡Los muros que nos separan entre una generación y otra cada vez lucen más altos, fuertes y anchos (prácticamente insalvables)!

¿Ejemplo? Las palabras, y –claro está– el impacto que tienen en la gente. Aquí un botón de muestra: cinismo. Según el Diccionario de Filosofía de Nicola Abbagnano (me refiero a un libro impreso, no electrónico; objeto físico con el que las personas más antiguas dialogábamos a un nivel intelectual con los maestros vivos o muertos), “el cinismo es una doctrina fundada por Antístenes de Atenas (siglo IV a.C) en el Gimnasio Cinosargo”.

El filósofo italiano escribió que “la tesis fundamental del cinismo es que el único fin del hombre es la felicidad y que ésta consiste en la virtud. Fuera de la virtud no existen bienes, y fue característico de los cínicos su desprecio por las comodidades, el bienestar, los placeres y la ostentación del más radical desprecio por las convenciones humanas y, en general, por todo lo que aleja al hombre de la sencillez natural de la que los animales dan ejemplo”.

Hoy, a decir de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la palabra “cinismo” define a una persona que “actúa con falsedad o desvergüenza descaradas”. El problema es que “falsedad” y “desvergüenza” no son sinónimos (y menos jurídicos). Así que… ¿Debo agradecer o molestarme cuando alguien me dice cínico?

Si es por “faltar a la verdad”, entonces “a las pruebas me remito”. Pero si es por falta de “vergüenza”, gracias; pero en su segunda acepción, y sólo lo prudentemente necesario.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Educación espectáculo, un grave error

Por Luis Hernández Martínez* Twitter: @miabogadoluis

 

Una cita del genial H. Adams. Feliz día del maestro.
 
 A mis Maestros, con cariño:

No importa el grado académico. Puede ocurrir tanto en los niveles más básicos de la educación, como en los más altos. Hoy, y más si de evaluación docente hablamos, lo importante es “caerle bien” a los alumnos, “divertirlos” y “hacerles amenas” las clases para que entonces ellos “recomienden” al profesor (ejemplo de la “hamburguerización docente”).

El objetivo es que “los alumnos la pasen bomba” aunque, al final, los egresados de cada curso no tengan los conceptos claros. ¿Y para qué? ¿Leer libros? No es necesario: ahí están el Prezi o Power Point (por cierto, Jeff Bezos –CEO de Amazon– prohibió las presentaciones en su empresa).

Hoy, así lo aseguran algunos “pedagogos expertos”, las empresas necesitan profesionistas que tengan competencias específicas para resolver problemas puntuales. El pensamiento crítico, la argumentación, las humanidades (ética y valores incluidos) sólo generan malestar e incomodidades a las organizaciones, dicen. ¿Para qué formar rebeldes potenciales; seres humanos con espíritu, intelecto y voz moral propios?, preguntan.

Vale mencionarle a esos “gurús de escritorio” que Francia regresó al dictado y a la lectura en voz alta, frustrada por las mentiras y engaños de las “nuevas tecnologías educativas”.

En fin, en la actualidad, entre que los estudiantes gritan “por eso pago” o “tengo el derecho a que me enseñen”, lo que antes llamábamos cátedra, formación y cultura, hoy su significado avanza cada día más hacia las arenas de la “educación espectáculo”.

Si el estudiante no hace alguna “actividad” o “competencia” que pueda mostrar en sus redes sociales (“pirotecnia educativa”), entonces el alumno no hizo nada valioso en la escuela. ¡Peor aún! Le preguntas al protagonista de tan ridícula función POR QUÉ hizo dicha actividad, y su respuesta es “porque está padre saberlo hacer, aunque no lo sepa explicar”.

¡Bendita ignorancia! ¡Feliz Día del Maestro!

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Abogar por una sociedad sin desigualdad

Por Luis Hernández Martínez. Twitter: @miabogadoluis

 

Unidos por un México más justo, más próspero, más competitivo y en paz.
 
Cada día que pasa (horas, minutos, segundos…) la degradación económica de la sociedad mexicana aumenta y, pareciera ya, hacerlo con una fuerza incontenible. Hoy, la geografía humana nacional muestra una polarización entre ricos y pobres sin precedente alguno.  Por ejemplo: en el México actual existe un puñado (mejor dicho, una pizca) de personas (algunos les llaman “Mi Reyes” y/o “Mi Reinas”) que no tienen en su memoria el registro de algún momento de angustia económica (que hayan pasado hambre, pues) en su familia.

Tampoco recuerdan algún periodo donde su experiencia académica no estuviera definida por una convivencia con “sus iguales”, toda vez que sus padres se encargaron de mantenerlos alejados –muy alejados– de la (¿cómo decía ese personaje de Chespirito?, ya me acordé) chusma.

En tanto, un porcentaje (universo) creciente de mexicanos tiene en el hambre a una compañera habitual y al lugar donde estudia (si es que tiene acceso a la educación) como el escenario donde conviven la marginación, el acoso, la inseguridad, el desempleo, las enfermedades propias de la pobreza y la falta de servicios públicos básicos.

Vivimos una etapa donde la polarización económica y geográfica de la sociedad mexicana sólo provoca que los escandalosamente ricos conozcan menos de los más pobres, y viceversa. ¿El resultado?

Ahí están los indicadores nacionales de desigualdad, crimen organizado (el que ocurre fuera de la ley y el que sucede al margen de la ley), corrupción, asesinatos, falta de infraestructura, sistema de salud deficiente y baja inversión en tecnología (por mencionar algunos rubros) como parte de la respuesta.

Urge entonces que todos los que tenemos el privilegio de contar con una profesión –relacionada directa o indirectamente con la justicia– trabajemos coordinados para combatir la desigualdad económica que tiene la fuerza de exterminar nuestro sistema político nacional. Advertidos.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.

Trabajadores y derechos humanos

Por Luis Hernández Martínez. Twitter: @miabogadoluis

El Dr. Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot, Vicepresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, luego de una jornada académica en la que participó @miabogadoluis.

A la memoria del MAESTRO… El Dr. Néstor de Buen Lozano.

El arte de explicar, traducir o interpretar los derechos y libertades plasmados en la Constitución –conforme y en armonía con los principios, artículos y/o axiomas incorporados en los tratados, pactos, convenios, jurisprudencia y documentos internacionales en materia de derechos humanos– materializa la aplicación técnica de la llamada cláusula de interpretación conforme y obliga a todos los dueños de empresa a respetar los también llamados derechos fundamentales al interior de sus organizaciones.

Como diría mi maestro Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot, Vicepresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos: “Tal disposición es la fórmula constitucional más efectiva para evitar disonancias entre los contenidos del derecho nacional y las normas del derecho internacional”; que en materia de derechos humanos –aplicados sobre todo en la empresa– tienen que ser letra viva y vigente.

Lo anterior es un proceso hermenéutico comparativo que, incluso, conllevaría a no aplicar –o desaplicar– la norma menos favorable a la persona. Dicho de otro modo, la cláusula de interpretación conforme implicaría sólo utilizar el precepto protector de los derechos humanos de mayor alcance (conforme al principio pro homine), pues existe una obligación de carácter general de proteger y respetar tanto los derechos como las libertades plasmadas en tratados, pactos, convenios, jurisprudencia y documentos internacionales en materia de derechos humanos.

Sin embargo, para que la cláusula de interpretación conforme alcance el poder protector que en potencia tiene, urge que los jueces nacionales la conviertan en una práctica de interpretación diaria en el ámbito de los derechos humanos. Pero más imperioso aún es que las empresas –sin importar su tamaño– materialicen para todos sus grupos de interés una Dirección Estratégica Humanizada.

 * El autor es abogado, administrador y periodista. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y ANADE. Profesor de posgrados en Alta Dirección en la UNAM, EBC, ICAMI y HC Escuela de Negocios.